Aguilar le dio el Boleto a México; Ciento tres minutos de angustia, desesperación y desazón. Entre el 15' y el 118'. Con la volatilidad del 1-1 y el 2-2 en el abismo. Hasta que llegó la guadaña carnicera Paul Aguilar. Y México suspiró: 2-3. Visado a la Copa Confederaciones.

Mucho estruendo mediático. Mucho alboroto en la tribuna. Pirotecnia en los espíritus. Pasiones desbordadas. 93 mil 723 en el graderío. Y en la cancha más temor que tensión, más cautela que pasión, tanta prudencia como medo.
Pero México cumple la asignación. Reconquista cancha estadounidense. Se corona campeón de la Concacaf, aún con las pestilentes memorias de los penaltis ante Costa Rica y Panamá en la Copa Oro.

En la batalla atemorizada de ambos entrenadores, la peor parte es para Jurgen Klinsmann, Su imperio falso, su proyecto ficticio se desmorona. Lo conseguido, era claro, fue cortesía heredada por sus antecesores. No ha construido, ha destruido. Hoy resuena más fuerte la exigencia de Landon Donovan: "debe irse si no gana".
El Tri sufrió innecesariamente. Sus capitanes fueron menguando. Rafa Márquez y Andrés Guardado aportaron voluntad rebasando sus limitaciones. Y perdonó por errores de definición lamentables de Oribe y Chicharito. ¿Mención agregada? A Raúl Jiménez y su recorrido en la cancha.
En un palco de la FMF, Juan Carlos Osorio tomó nota. Escribió detalles. Devoraba pequeñas páginas de su libreta. En esos apuntes debe descifrar al México que debe vencer a El Salvador en el Estadio Azteca y a Honduras en San Pedro Sula.
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